Febreo de 2007
Dicen que detrás del río hay un jardín de rosas negras y moras rojas. Hoy anduve perdido y encontré ese lugar que similar al paraíso me alumbró los ojos. Luz perfecta y llana, lúmina furtiva. Elevas percepciones y calmas muros. Morgue de mariposas que viajan a caer en las cascadas de plata, de oro, de tierra; ahora entro bajo la raíz de tus trilios, trópico invisible, me recibes con manzanas llenas de jalea y trigo seco.
Y detrás de ti, en las profundidades remotas y en tu última garganta, encuentro fragmentos de naturaleza muerta y de tigres blancos; me deleito con las frambuesas enterradas y con la piel de felino manto a la vez que compongo con el silbar una obra musical perfecta, de violines grillos y alacranes ocres.
Pero nada de esto me quita el agridulce de la nostalgia, esa que igual al ave quebrantada me llega en plumas sobre el rostro; y yo soplo, hablo poemas, para alejar las luciérnagas que dibujan tu boca y los vuelos que deletrean tu silencio. Paloma burbujeante de llanto y azúcar, pones tu nido en donde antes había latidos y sangre vulcana.
Salgo de la cueva y al instante mismo en que lloro parecido a los fantasmas, siento el aroma de las lágrimas secas por el poder de las palmeras y el sabor del viento que ni se palpa. Mi ojos se levantan y en lo cristalino fino del río aparece tatuada una bailarina, o bueno, su mirada, porque su cuerpo lógobre y triste y su baile épico y moderno, son todo esto, todas las hojas arco iris y los tallos de champaña, todas las ardillas de sabia y todas las panteras que bajo la vorágine llegan ocultas.
Tomo una piedra, a sabiendas que pesa más que un planeta, y rayo la poca de arena con una canción que es gemela del amor. Escribo las palabras que todo esto me enseñó y las leo en el sonido de la ocarina y musgo que mi perímetro emite. Alcanzo a decirle al par de ojos verdes que tengo de luna y de sol, que no olviden dar tibieza a mis movimientos y erotismo a mis recorridos. Y llega la noche, con uno de los iris cromo montaña, para alcanzar a ser testigo de esta agonía, de esta tortura. Porque paraíso que hay detrás del río, yo soy la mariposa que despliega sus alas coloridas y ya es momento de irme (¿o de quedarme?), de soledad buscar en otros fueros. Me sueltas pero un cordel soñado en eslabones de danza y versos nos unirá eternamente; mucho más allá de un centro muerto o de un poema incinerado algo más no habita.
Tal vez nosotros somos azules estrellas unidas en el misterio del tiempo que centelleamos esperanzas y selvas. Mi bosque unido de tierra y agua, mi dama laurantina, te quiero.
Saturday, February 24, 2007
Sunday, January 14, 2007
Poesía en mañanas y percepciones que merecen el papiro.
Por: Andrés Castaño
A las palabras.
Un día cualquiera / 1 / 07
Y las palabras me liberaron como segueta que corta un eslabón.
Me deslicé imperceptible entre su oleaje intimista
y resulté pintado como obra abstraída,
cansada, sin presura de ojos videntes.
Cada sutileza negra impresa
liberó el ala azuleja de mis prisiones múltiples y al fin.
Al fin hubo vuelo propio sobre las cumbres y los Andes
fueron pocos para mi alce de ave fuerte.
Decidí recorrer las hojas, de helecho y de blancura.
Mi mundo de frente para atrás pidió su realidad
y las traiciones que dolían en el cardio
sacudieron lomos y omoplatos.
Las sutiles, perplejas, que desaforaban lo finito de mi mente,
no eran decepciones arrabales o lacrimosa fuente que rueda en rostros.
Todas ellas serán besos que en lo que ignoro de mí,
llegaron a una bailarina sin pisos ni hilos
con verdes llanuras que sucedían en sus cuencas y corporales odas.
Y los carmesí que corrían por mis venas se vistieron de licra sin destino
y todo mi torrente sanguíneo
quedó esperando el poema que lo sintiera.
Todo yo, fui escriba que distingue su sombra entre las líneas.
La caída de los dioses.
8/1/07
Buscando lo perfecto que no conversó Dios
hallé lo claro de la frontera;
y en batalla, podra y oscura,
diferencié para lo inmortal de mi propio tiempo
la pureza del sentido promulgado por el limbo de mi verbo
y lo lindo de lo audible.
Evoqué ensangrentado la daga de marfil
que atravesó el metril de un caballero sin hipo y luché,
luché saturado por la espina profeta que cegó años mis ojos encubiertos
en pulpa despojada de sabor y amargura.
¡Ah! La lava accedió por la llaga burbujeante de la pena, que,
tratando a la razón como greda, buscó una deidad que toda sapiencia fuese
y que la lira crease desde el cedro hasta la armonía.
Primero fue el Olimpo
que ante mi egocéntrico narcisismo
se desfalcó en bruma de poemas mal cantados.
Después arribo el judío, con las barbas populares en dorados
y las palmas de palomas, con las manos llenas de disparos
que su promesa había causado.
El tiempo escrito y de lenguas para abajo
le regaló la mitad de la historia y dos robles atravesados
fueron su signo en el mundo.
Todos condenados por el altar nacarado
y listos para derramar la vida en tinajas de magia sin estilo.
Y un día sin rumbo claro, esperando la bofetada lenta de una tarde en septiembre,
apareció ante mí la Tierra, confinada por los cerros
que son viga de mi urbe y comparada,
exaltada, escondida por los pilares de cemento y cristal,
me dijo que mi experiencia de vida era un estallar del cosmos
en una botella saturada de caricias del pacifico.
Me susurró flagrante, saboreada, sexual,
que los momentos, todas aquellas obras del instante mortal,
eran pincelazos de la demencia coherente y la realidad encendida en pedestales.
Así que, navegando en la impresión que en mi garganta y genio se destilaba,
supe que la religión es el puerto de reposo del misterio
y que los dioses,
son seres,
que soportan una calamidad más allá de lo humano.
Y también conocí,
en lo que podría llamar la inefabilidad o el rugido de un león,
al dios que de estrellas nos observa, travestido de océanos y junglas,
alocado en huracanes y sediento en el desierto amarillo de flagelos
y rojo del olvido.
El sentido es el centro inquieto de toda causa escapada
y produce espectros, que locos, a todo un millar de mentes reúnen
para en coro gritar un genocidio de lo puro.
Dioses. Apenas comas en la planicie de una hoja.
Siempre brillantes.
Tanto, que ciegan.
A las palabras.
Un día cualquiera / 1 / 07
Y las palabras me liberaron como segueta que corta un eslabón.
Me deslicé imperceptible entre su oleaje intimista
y resulté pintado como obra abstraída,
cansada, sin presura de ojos videntes.
Cada sutileza negra impresa
liberó el ala azuleja de mis prisiones múltiples y al fin.
Al fin hubo vuelo propio sobre las cumbres y los Andes
fueron pocos para mi alce de ave fuerte.
Decidí recorrer las hojas, de helecho y de blancura.
Mi mundo de frente para atrás pidió su realidad
y las traiciones que dolían en el cardio
sacudieron lomos y omoplatos.
Las sutiles, perplejas, que desaforaban lo finito de mi mente,
no eran decepciones arrabales o lacrimosa fuente que rueda en rostros.
Todas ellas serán besos que en lo que ignoro de mí,
llegaron a una bailarina sin pisos ni hilos
con verdes llanuras que sucedían en sus cuencas y corporales odas.
Y los carmesí que corrían por mis venas se vistieron de licra sin destino
y todo mi torrente sanguíneo
quedó esperando el poema que lo sintiera.
Todo yo, fui escriba que distingue su sombra entre las líneas.
La caída de los dioses.
8/1/07
Buscando lo perfecto que no conversó Dios
hallé lo claro de la frontera;
y en batalla, podra y oscura,
diferencié para lo inmortal de mi propio tiempo
la pureza del sentido promulgado por el limbo de mi verbo
y lo lindo de lo audible.
Evoqué ensangrentado la daga de marfil
que atravesó el metril de un caballero sin hipo y luché,
luché saturado por la espina profeta que cegó años mis ojos encubiertos
en pulpa despojada de sabor y amargura.
¡Ah! La lava accedió por la llaga burbujeante de la pena, que,
tratando a la razón como greda, buscó una deidad que toda sapiencia fuese
y que la lira crease desde el cedro hasta la armonía.
Primero fue el Olimpo
que ante mi egocéntrico narcisismo
se desfalcó en bruma de poemas mal cantados.
Después arribo el judío, con las barbas populares en dorados
y las palmas de palomas, con las manos llenas de disparos
que su promesa había causado.
El tiempo escrito y de lenguas para abajo
le regaló la mitad de la historia y dos robles atravesados
fueron su signo en el mundo.
Todos condenados por el altar nacarado
y listos para derramar la vida en tinajas de magia sin estilo.
Y un día sin rumbo claro, esperando la bofetada lenta de una tarde en septiembre,
apareció ante mí la Tierra, confinada por los cerros
que son viga de mi urbe y comparada,
exaltada, escondida por los pilares de cemento y cristal,
me dijo que mi experiencia de vida era un estallar del cosmos
en una botella saturada de caricias del pacifico.
Me susurró flagrante, saboreada, sexual,
que los momentos, todas aquellas obras del instante mortal,
eran pincelazos de la demencia coherente y la realidad encendida en pedestales.
Así que, navegando en la impresión que en mi garganta y genio se destilaba,
supe que la religión es el puerto de reposo del misterio
y que los dioses,
son seres,
que soportan una calamidad más allá de lo humano.
Y también conocí,
en lo que podría llamar la inefabilidad o el rugido de un león,
al dios que de estrellas nos observa, travestido de océanos y junglas,
alocado en huracanes y sediento en el desierto amarillo de flagelos
y rojo del olvido.
El sentido es el centro inquieto de toda causa escapada
y produce espectros, que locos, a todo un millar de mentes reúnen
para en coro gritar un genocidio de lo puro.
Dioses. Apenas comas en la planicie de una hoja.
Siempre brillantes.
Tanto, que ciegan.
Wednesday, December 27, 2006
Odas a la hada que toma kumis y fumka ganya.
Por: Casino Black-pokar
Nirvana 1. La pulpa de tus entrañas.
21/12/06
En las calles no hay nada más próximo que la muerte o el olor a carbón tostado, y qué decir de los vahos de la comida, antojantes y detestables al mismo tiempo.
También de esa misma manera sorpresiva uno se puede encontrar latas vacías, ojos llorosos, pedazos de borrador que no besaron el rostro de una mina, bocas que se calmaron al ser descubiertas o, a manera de alucinación, una par de gatos del color de la luna y el sol.
Para tratar de no caer en todas estas posibilidades trasgiversadas, lo único que hallé posible fue un escape, una fuga en el periplo nocturno de las esquinas y de los humos salidos de los tubos rojos, rotos, y perfectos para que el alma se vaya.
Yo, hombre de ropas muy pegadas al cuerpo y siempre con audífonos en los oídos, bailo en toda la furia de la urbe para no ser una ficha en un mal juego y para conocer la caricia del viento lleno de alientos y de fugas de la risa y el llanto, corro y miro con los ojos sin velo para darme cuenta de la oscuridad insensata que nos cubre y para saborear con cansancio una copa pequeña llena de tu sangre y del limón roto de tu amargura. En el bar de mis paradas eres un loto bajo el funeral de un charco.
Simplemente una tarde que se cansaba con el frío vi que tu soledad te abandonaba por la amenaza del filo de mi sombra, y tu viste que una cabellera roja partió de mis adentros por la furia de tus besos y la alquimia de tus ganas. Nos unimos como moscas a las flores o como miel a los pancakes; nos separamos bajo la saturación liza y plateada de la luna; y para qué?
……Para simplemente decir que las carnes se buscaron y la locura se abrazó a la discordia, mientras una fresa negra caía sobre un plato de leche abandonado por lobas, por gatas y animales que al pronunciar nocturnos , sepultan su lengua en el lado oculto de la luna. Tú y Yo nos caemos desnudos en un cofre de claveles y sangramos de dicha y gozamos de la furia, quemamos cada pétalo y la ceniza del fénix que los dos encarnamos en tu sudor, se arrulla bajo el alba y su azul indescriptiblemente brillante, saturado, tejido por los gemidos del vino y la pulpa de tus entrañas.
Nirvana 2. Non Stop.
26/12/06
Desde la tierra de los hongos tu voz un poco embotellada me creció la sapiencia y el sueño nocturno. Como banda sintética de energía, cada una de tus palabras me hizo llover acá, en esta Bogotá muy fría, un poco de consecuencia color pólvora y miradas, simples miradas callejeras y puestas en el regazo de mi recuerdo.
Nirvana, no sé por qué te veo en ocasiones tan alocada como una hoja amarilla perdida entre los dedos de un búho que vuela en un parque azul. Verdes se pintan tus labios,
suaves alitas caen sin fin.
Vives los días a diario, con humos y vino,
pero sales corriendo en abril.
La cascada pintada de tu cara de antes
crea un estigma y borra el cenit.
Y no solo el cenit sino lo reversible de toda esta realidad pendiente, lo irreparable que pudiera tener el hastío que a veces te produce todo. En muchas ocasiones temo caer en tu gleba odiada o en tu masa huérfana.
Todo esto parecen ideas dispersas y no creo que alguien pueda entenderlas mejor que yo. Pero mejor en cuanto a tu presencia, porque sin tus ojitos vino con bosque de hojas rojas, no puedo ya tan fácil ser amante y burbuja de tu cardio en la sangre que me desea, menos me puede ser permitido.
¿Qué hago con el poco de desgracia que me toca, con la faena interminable de sables que arrinconan tus movimientos, con la servida oceánica de tus labios?
……Contéstame, gitana que hueles a sudor azucarado de éxtasis, mujer saboreada por la música de máquinas con filtros, silencio femenino, abrazo parqueado en los hoyuelos de mi cuerpo y de mi alma.
Pare, señorita de claveles verdes en las uñas, por favor, su embestida placentera de cosquillas con corchos de oro y su mirada agónica de sexo. Pare lo que la detiene para tenerme.
Nirvana 1. La pulpa de tus entrañas.
21/12/06
En las calles no hay nada más próximo que la muerte o el olor a carbón tostado, y qué decir de los vahos de la comida, antojantes y detestables al mismo tiempo.
También de esa misma manera sorpresiva uno se puede encontrar latas vacías, ojos llorosos, pedazos de borrador que no besaron el rostro de una mina, bocas que se calmaron al ser descubiertas o, a manera de alucinación, una par de gatos del color de la luna y el sol.
Para tratar de no caer en todas estas posibilidades trasgiversadas, lo único que hallé posible fue un escape, una fuga en el periplo nocturno de las esquinas y de los humos salidos de los tubos rojos, rotos, y perfectos para que el alma se vaya.
Yo, hombre de ropas muy pegadas al cuerpo y siempre con audífonos en los oídos, bailo en toda la furia de la urbe para no ser una ficha en un mal juego y para conocer la caricia del viento lleno de alientos y de fugas de la risa y el llanto, corro y miro con los ojos sin velo para darme cuenta de la oscuridad insensata que nos cubre y para saborear con cansancio una copa pequeña llena de tu sangre y del limón roto de tu amargura. En el bar de mis paradas eres un loto bajo el funeral de un charco.
Simplemente una tarde que se cansaba con el frío vi que tu soledad te abandonaba por la amenaza del filo de mi sombra, y tu viste que una cabellera roja partió de mis adentros por la furia de tus besos y la alquimia de tus ganas. Nos unimos como moscas a las flores o como miel a los pancakes; nos separamos bajo la saturación liza y plateada de la luna; y para qué?
……Para simplemente decir que las carnes se buscaron y la locura se abrazó a la discordia, mientras una fresa negra caía sobre un plato de leche abandonado por lobas, por gatas y animales que al pronunciar nocturnos , sepultan su lengua en el lado oculto de la luna. Tú y Yo nos caemos desnudos en un cofre de claveles y sangramos de dicha y gozamos de la furia, quemamos cada pétalo y la ceniza del fénix que los dos encarnamos en tu sudor, se arrulla bajo el alba y su azul indescriptiblemente brillante, saturado, tejido por los gemidos del vino y la pulpa de tus entrañas.
Nirvana 2. Non Stop.
26/12/06
Desde la tierra de los hongos tu voz un poco embotellada me creció la sapiencia y el sueño nocturno. Como banda sintética de energía, cada una de tus palabras me hizo llover acá, en esta Bogotá muy fría, un poco de consecuencia color pólvora y miradas, simples miradas callejeras y puestas en el regazo de mi recuerdo.
Nirvana, no sé por qué te veo en ocasiones tan alocada como una hoja amarilla perdida entre los dedos de un búho que vuela en un parque azul. Verdes se pintan tus labios,
suaves alitas caen sin fin.
Vives los días a diario, con humos y vino,
pero sales corriendo en abril.
La cascada pintada de tu cara de antes
crea un estigma y borra el cenit.
Y no solo el cenit sino lo reversible de toda esta realidad pendiente, lo irreparable que pudiera tener el hastío que a veces te produce todo. En muchas ocasiones temo caer en tu gleba odiada o en tu masa huérfana.
Todo esto parecen ideas dispersas y no creo que alguien pueda entenderlas mejor que yo. Pero mejor en cuanto a tu presencia, porque sin tus ojitos vino con bosque de hojas rojas, no puedo ya tan fácil ser amante y burbuja de tu cardio en la sangre que me desea, menos me puede ser permitido.
¿Qué hago con el poco de desgracia que me toca, con la faena interminable de sables que arrinconan tus movimientos, con la servida oceánica de tus labios?
……Contéstame, gitana que hueles a sudor azucarado de éxtasis, mujer saboreada por la música de máquinas con filtros, silencio femenino, abrazo parqueado en los hoyuelos de mi cuerpo y de mi alma.
Pare, señorita de claveles verdes en las uñas, por favor, su embestida placentera de cosquillas con corchos de oro y su mirada agónica de sexo. Pare lo que la detiene para tenerme.
Saturday, December 23, 2006
Nirvana
Por: Andreas Casta
Si a Nirvana la conocí
es porque a los gatos les gusta la luna
y a las estrellas les encanta rebotar su luz en el pavimento.
Si a la muerte llegué por el costado derecho
tal vez la hoz sea ciega y no perfore mi costilla,
o simplemente, bajo el clamor de una grito mazoquista,
llegue e besarme con un olor a perfume que salga de su carraca
como polen de lotos caídos en pantanos verdes.
Quiero creer hoy mujer que nada de tu transparencia fue planeada para enceguecerme
ni que mucho de tu causa fue creada para ultrajarme.
Quiero pensar, más bien, que tu sonrisa de alas de águila y tu mirada de bosques de vino
es una señal perfecta en la que vi una posibilidad de besos,
de caricias, de palabras, de locuras.
Blanca dama perteneces a la nocturna incauta de tu pecado
y te estremeces bajo el temblor sincero del aniz o la cebada pendenciera.
Hay algo que pasa dentro de tu cardio y el mio
en el momento en que sobre mí
te colocas como sábana de levedad perfecta.
Pluma tranquila que no trotas la brisa
haces braza naranja y violeta mi sangre y mi carne
mientras en la fuente de lino de tu espalda
cae mi mar de lágrimas y salibas ardientes.
No sé a qué momento del tiempo perteneces,
pero sí sé que los dos somos unas líneas perfectas sobre un mesón de madera
y bajo el círculo de una Quartz de oro o de mermelada de mora.
Te digo todo esto, profundidad demente que bailas en marmol,
porque el alcance de mi poesía sólo roza el filo vacío de tus ternuras
y apenas toca, como una punta de alfiler calcinado,
el poco de azufre que dejas botado tras el humor de tus gemidos y tus sudarios.
Si a Nirvana la conocí
es porque a los gatos les gusta la luna
y a las estrellas les encanta rebotar su luz en el pavimento.
Si a la muerte llegué por el costado derecho
tal vez la hoz sea ciega y no perfore mi costilla,
o simplemente, bajo el clamor de una grito mazoquista,
llegue e besarme con un olor a perfume que salga de su carraca
como polen de lotos caídos en pantanos verdes.
Quiero creer hoy mujer que nada de tu transparencia fue planeada para enceguecerme
ni que mucho de tu causa fue creada para ultrajarme.
Quiero pensar, más bien, que tu sonrisa de alas de águila y tu mirada de bosques de vino
es una señal perfecta en la que vi una posibilidad de besos,
de caricias, de palabras, de locuras.
Blanca dama perteneces a la nocturna incauta de tu pecado
y te estremeces bajo el temblor sincero del aniz o la cebada pendenciera.
Hay algo que pasa dentro de tu cardio y el mio
en el momento en que sobre mí
te colocas como sábana de levedad perfecta.
Pluma tranquila que no trotas la brisa
haces braza naranja y violeta mi sangre y mi carne
mientras en la fuente de lino de tu espalda
cae mi mar de lágrimas y salibas ardientes.
No sé a qué momento del tiempo perteneces,
pero sí sé que los dos somos unas líneas perfectas sobre un mesón de madera
y bajo el círculo de una Quartz de oro o de mermelada de mora.
Te digo todo esto, profundidad demente que bailas en marmol,
porque el alcance de mi poesía sólo roza el filo vacío de tus ternuras
y apenas toca, como una punta de alfiler calcinado,
el poco de azufre que dejas botado tras el humor de tus gemidos y tus sudarios.
Friday, December 22, 2006
Prólogo del urbanauta
Por: Andrés Castaño
La ciudad es un crucigrama que nadie resuelve,
un acertijo que se divide en cuadritos verdes,
negros y grises pero que no puede ser tocado por la tinta
sino por el agua de la lluvia;
las gotas de la tarde
escriben sobre los andenes y tras los pasos de caminantes
abandonan una historia.
Un relato oscilante entre lo trágico y lo patético.
¿Será que soy una pregunta que se resuelve en el instante
[en que se anhela?
…Apenas llego para lograr un humo áspero o una flor amarilla.
La ciudad es un crucigrama que nadie resuelve,
un acertijo que se divide en cuadritos verdes,
negros y grises pero que no puede ser tocado por la tinta
sino por el agua de la lluvia;
las gotas de la tarde
escriben sobre los andenes y tras los pasos de caminantes
abandonan una historia.
Un relato oscilante entre lo trágico y lo patético.
¿Será que soy una pregunta que se resuelve en el instante
[en que se anhela?
…Apenas llego para lograr un humo áspero o una flor amarilla.
Wednesday, November 29, 2006
Vodka Ginebra y Letra
INFIERNO
por Nicolás Corrales
Condenadme alma mía a hallarme vivo en el infierno
Toda existencia es un buen abismo ¡culpadme de maldito!
Dejadme a mis culpas y mis penas, dadme a la nostalgia
pasos hoscos me guiaran a los umbrales de mi soledad
ya he sepultado los decoros del amor, la ilusión, la propia fe.
Liberadme del cielo alma mía
quemad su velo mentiroso de mis ojos, son azules dilataciones engorrosas
su gloria se subsana de adustas angustias, su júbilo esta en la pobre esperanza.
Desafinad su serafín melodía de mis oídos, es una sacra indulgencia timorata
es el malestar de mis miedos que ahora ennegrecen infames.
Partid a la oscuridad ¡alma mía! tomando la ponzoña del maldito
Buscad la libertad, desalojad toda luz del corazón
Allá, indiferente, andad entre los demonios más fantásticos
y aprended a respirar sin cubrirte de llagas de amor, la ilusión, la propia fe.
Toda aurora es un misterioso castigo, todo ocaso es un marchito deseo
Escapad con el peso de lo que fueron tus emociones mas dóciles,
corromped su sello y salid como cual fiera en las negruras
mientras acallas estos dolientes jadeos lastimeros.
por Nicolás Corrales
Condenadme alma mía a hallarme vivo en el infierno
Toda existencia es un buen abismo ¡culpadme de maldito!
Dejadme a mis culpas y mis penas, dadme a la nostalgia
pasos hoscos me guiaran a los umbrales de mi soledad
ya he sepultado los decoros del amor, la ilusión, la propia fe.
Liberadme del cielo alma mía
quemad su velo mentiroso de mis ojos, son azules dilataciones engorrosas
su gloria se subsana de adustas angustias, su júbilo esta en la pobre esperanza.
Desafinad su serafín melodía de mis oídos, es una sacra indulgencia timorata
es el malestar de mis miedos que ahora ennegrecen infames.
Partid a la oscuridad ¡alma mía! tomando la ponzoña del maldito
Buscad la libertad, desalojad toda luz del corazón
Allá, indiferente, andad entre los demonios más fantásticos
y aprended a respirar sin cubrirte de llagas de amor, la ilusión, la propia fe.
Toda aurora es un misterioso castigo, todo ocaso es un marchito deseo
Escapad con el peso de lo que fueron tus emociones mas dóciles,
corromped su sello y salid como cual fiera en las negruras
mientras acallas estos dolientes jadeos lastimeros.
Monday, November 27, 2006
Mundoblanco
Por: Daniela Sanzhez
Mundoblanco
Mundo blanco, exterior y blanco,
sordo partícipe de las guerras ganadas,
eres nada y yo soy lo que quieres que sea.
Llueve tanto que dueles,
y cuando callas ya no sé
si eres el verso de la nada.
Pueblo inútil desvanécete sereno,
llano, inquieto, sórdido, real y muerto,
desvaneces sin sentido más permanece escribiendo
lo que agarro de la ironía de mi alma.
Huyéndole al deseo
Qué pensar qué reír que hacer si no soy nada,
qué expresar qué vivir en que terminan las miradas
soy materia inconsciente de las noches tan odiosas,
silenciosas pueblerinas del silencio que provoca,
encontrarte entre la histeria, la miseria y la ironía
en los huesos de otro invierno y el pasado que aún respira
y dejarte para irme, e irte lejos para siempre,
si las vueltas nos detienen nos iremos igualmente
porque no somos materia, porque no somos lo mismo
porque existe una barrera entre mi sueño y tu egoísmo
porque cuando me buscaste no escuchaste mi llamado
porque cuando me invitaste me encontraba en otro estado,
porque existe mi finito y tu ser aún es ausente
en donde acaban tus palabras y en donde empieza tu tangente.
Mundoblanco
Mundo blanco, exterior y blanco,
sordo partícipe de las guerras ganadas,
eres nada y yo soy lo que quieres que sea.
Llueve tanto que dueles,
y cuando callas ya no sé
si eres el verso de la nada.
Pueblo inútil desvanécete sereno,
llano, inquieto, sórdido, real y muerto,
desvaneces sin sentido más permanece escribiendo
lo que agarro de la ironía de mi alma.
Huyéndole al deseo
Qué pensar qué reír que hacer si no soy nada,
qué expresar qué vivir en que terminan las miradas
soy materia inconsciente de las noches tan odiosas,
silenciosas pueblerinas del silencio que provoca,
encontrarte entre la histeria, la miseria y la ironía
en los huesos de otro invierno y el pasado que aún respira
y dejarte para irme, e irte lejos para siempre,
si las vueltas nos detienen nos iremos igualmente
porque no somos materia, porque no somos lo mismo
porque existe una barrera entre mi sueño y tu egoísmo
porque cuando me buscaste no escuchaste mi llamado
porque cuando me invitaste me encontraba en otro estado,
porque existe mi finito y tu ser aún es ausente
en donde acaban tus palabras y en donde empieza tu tangente.
Saturday, November 25, 2006
El Antedentalismo Ciudadélico
El Antedentalismo
y la Ciudadélica.
Una perspectiva de un escriba que sale de los humos azules de su palabra y de las caminatas beodas en el
[alba.
Por: Andreas Casta.
¿Cuál es el rol del artista dentro de esta ciudad perdida en sus cabales sueltos? ¿Cuál es la Gran Causa que esgrima el pintor, el actor, el escriba, el músico, el bailarín? ¿Cuál es que no la encuentro?
Estas tres solían ser mis preguntas cuando caminaba por la calle y veía a un hombre danzar y a una mujer cantar bajo el sonido de su guaracha triste, lejana, como lo estaba el cielo de su mirada y la Tierra de su conciencia. Y aunque muchas de las veces que vi la misma escena encontré alegrías y frustraciones, en ésta en especial había algo que capto toda mi dispersada atención; era esa esperanza de caos agónico que había en las pupilas de la joven dama que apenas lanzaba sus notas al aire y derramaba toda su energía por unos oídos invisibles, era ese temblor foráneo que solo yo percibía como un un viejo lobo que sabe que nada desaparece de su conciencia. Ante tal cuestionamiento encontrado en la mirada de esta creativa del canto, me di a la tarea sin lógica de preguntarle por qué tenía ese movimiento corto entre su esclerótica y el párpado.
La respuesta fue contundente, altisonante y elocuente. Primero, me dijo que la imaginación de nadie valía ya la pena, que todo el mundo estaba tan gastado entre la noche ordenada por los medios y la mañana controlada por el tráfico, que apenas se daban cuenta del odio y el rencor, del celo y el agobio. Segundo (y esto lo dijo con un dedo en su boca; parecía fumarlo, parecía quererlo arrancar de su mano), la persona que entre calles de Centro, Norte y Sur, Occidente y Oriente, anda, sin el preconcebido aviso del orden, está propensa a sufrir un ataque de inefabilidad por parte del mundo, que, invisible ante las mentes toscas, quiere aparecer en el alba inspirando odas. Tercero (y aquí sacó su dedo para ahora meterse otro; pero éste de nicotina, alquitrán y un poco de canabis) las mujeres y su amantes, que pueden ser desde una pluma hasta una carne blanca, son elementos dispersos dentro de la cotidianidad que busca el unísono de toda un causa no propuesta aún, y que necesita de su ayuda para unir eslabones perdidos en la carreras, en las calles, en los mercados, en las ollas, en los bares, en las tiendas, en las librerías y en los edificios. La causa de la ciudad necesita a sus eternos querendones de esquina, a sus redentores de cariño perdidos en copas de ginebra, cebada y aguardiente cosmopolitan.
A toda esta charla ya no le di alargue, simplemente, como luciérnaga que va al pantano, me metí en la oscuridad de un túnel de tantos. Allí, sin razón alguna de llegada, me senté a mirar pasar los carros.
Mientras escuchaba el sonido de motores y de fábricas, de gritos de escolares en las casas y el trino de pájaros sin nido, me percate de la falta de urbanautismo que tiene todo el mundo. Carencia que reside, no en saber que la ciudad existe como tal, sino en no conocer que es un espacio de goce e inspiración (y no me refiero al entretenimiento barato ni al rumbeadero de ebrios ególatras) sino a el arte arquitectónico de diseñador podro que es esta Bogotá no planeada, tirada en los abismos del progreso intransigente y empedernido.
Me salí del túnel y caminé hasta cuando mis pies pidieron un descanso a su recorrido sin tregua. Ahora, sin saber realmente dónde estaba, me quedaba esperando la tarde, el olvido de la madrugada, el inicio del nocturno. Y es que, si la ciudad carece de amantes que la habiten sin tregua haciendo de su cinismo carta de presentación, hay una luna y un nocturno que se aman para saborear los besos logrados por las bocas ebrias de los que sí, a manera de jugadores del azar, prendieron la fiesta en cada anden de la Bogotá fumada en postes de alegría y escrita en papiros sin color habano.
Precisamente de ese sujeto noche y esa dama blanca fui víctima por no preconcebir el orden, fui presa de toda la Tierra, fui un pez en el agua de la Séptima que al mirar el horizonte, se sintió como una hormiga y vivió, en un instante paralelo a la eternidad íntima, el punto de equilibrio entre estar vivo y darse cuenta de ello; es decir, me di cuenta que se me podría clasificar como extraterrestre o nada y daría lo mismo, al fin y al cabo, la lucha no era de términos sino de sentimientos, de sensibilidad profunda contra pilares de realidad acostumbrada y vigas de continuidad estable. Lloré, como nunca antes por una emoción lo había hecho y, al mismo minuto en que mis lágrimas al asfalto se caían, una idea me vino a la cabeza como gota sobre su sombra o cuervo sobre su presa.
La idea apenas era un sentir, un estallido de luces intermitentes de razón y de locura. Y lo que valía la pena decir de ella no era su existencia sino su contenido, que, a manera de presencia letrada, me dijo que la Imaginación del urbanauta está atrofiada por su gran cinismo metafórico y su humanidad esclavizada por lo plano, por lo llano de los cristales, de las pancartas de guerra, de las canciones de violencia. En resumen, un poco vislumbrista y poético, me dijo que la ensoñación, perdida en el atrofio de la mentalidad, era la calve para sacar al ciudadano de todo ese nudo sin fin y comienzo en que lo encerraban los edificios y paredes, las avenidas y las calles.
Ahora escribo esto mientras en la punta de un cerro miro la Ciudadélica bogotana y pienso versos en trino y alucinaciones en prosa. Pienso, que entre más ensueño mi ciudad enajenada de ésta, más la misma se apropiara de razones para darme alegría, felicidad y energía; todas en dosis de bebida magullada por el labio carmesí de una mujer desnuda en su placer, insertada en el olvido de sus propios besos. Los que me olvidaron cuando canté tras el muro de toda una realidad construida en la velocidad de su presente y en lo agitado de su olvido.
y la Ciudadélica.
Una perspectiva de un escriba que sale de los humos azules de su palabra y de las caminatas beodas en el
[alba.
Por: Andreas Casta.
¿Cuál es el rol del artista dentro de esta ciudad perdida en sus cabales sueltos? ¿Cuál es la Gran Causa que esgrima el pintor, el actor, el escriba, el músico, el bailarín? ¿Cuál es que no la encuentro?
Estas tres solían ser mis preguntas cuando caminaba por la calle y veía a un hombre danzar y a una mujer cantar bajo el sonido de su guaracha triste, lejana, como lo estaba el cielo de su mirada y la Tierra de su conciencia. Y aunque muchas de las veces que vi la misma escena encontré alegrías y frustraciones, en ésta en especial había algo que capto toda mi dispersada atención; era esa esperanza de caos agónico que había en las pupilas de la joven dama que apenas lanzaba sus notas al aire y derramaba toda su energía por unos oídos invisibles, era ese temblor foráneo que solo yo percibía como un un viejo lobo que sabe que nada desaparece de su conciencia. Ante tal cuestionamiento encontrado en la mirada de esta creativa del canto, me di a la tarea sin lógica de preguntarle por qué tenía ese movimiento corto entre su esclerótica y el párpado.
La respuesta fue contundente, altisonante y elocuente. Primero, me dijo que la imaginación de nadie valía ya la pena, que todo el mundo estaba tan gastado entre la noche ordenada por los medios y la mañana controlada por el tráfico, que apenas se daban cuenta del odio y el rencor, del celo y el agobio. Segundo (y esto lo dijo con un dedo en su boca; parecía fumarlo, parecía quererlo arrancar de su mano), la persona que entre calles de Centro, Norte y Sur, Occidente y Oriente, anda, sin el preconcebido aviso del orden, está propensa a sufrir un ataque de inefabilidad por parte del mundo, que, invisible ante las mentes toscas, quiere aparecer en el alba inspirando odas. Tercero (y aquí sacó su dedo para ahora meterse otro; pero éste de nicotina, alquitrán y un poco de canabis) las mujeres y su amantes, que pueden ser desde una pluma hasta una carne blanca, son elementos dispersos dentro de la cotidianidad que busca el unísono de toda un causa no propuesta aún, y que necesita de su ayuda para unir eslabones perdidos en la carreras, en las calles, en los mercados, en las ollas, en los bares, en las tiendas, en las librerías y en los edificios. La causa de la ciudad necesita a sus eternos querendones de esquina, a sus redentores de cariño perdidos en copas de ginebra, cebada y aguardiente cosmopolitan.
A toda esta charla ya no le di alargue, simplemente, como luciérnaga que va al pantano, me metí en la oscuridad de un túnel de tantos. Allí, sin razón alguna de llegada, me senté a mirar pasar los carros.
Mientras escuchaba el sonido de motores y de fábricas, de gritos de escolares en las casas y el trino de pájaros sin nido, me percate de la falta de urbanautismo que tiene todo el mundo. Carencia que reside, no en saber que la ciudad existe como tal, sino en no conocer que es un espacio de goce e inspiración (y no me refiero al entretenimiento barato ni al rumbeadero de ebrios ególatras) sino a el arte arquitectónico de diseñador podro que es esta Bogotá no planeada, tirada en los abismos del progreso intransigente y empedernido.
Me salí del túnel y caminé hasta cuando mis pies pidieron un descanso a su recorrido sin tregua. Ahora, sin saber realmente dónde estaba, me quedaba esperando la tarde, el olvido de la madrugada, el inicio del nocturno. Y es que, si la ciudad carece de amantes que la habiten sin tregua haciendo de su cinismo carta de presentación, hay una luna y un nocturno que se aman para saborear los besos logrados por las bocas ebrias de los que sí, a manera de jugadores del azar, prendieron la fiesta en cada anden de la Bogotá fumada en postes de alegría y escrita en papiros sin color habano.
Precisamente de ese sujeto noche y esa dama blanca fui víctima por no preconcebir el orden, fui presa de toda la Tierra, fui un pez en el agua de la Séptima que al mirar el horizonte, se sintió como una hormiga y vivió, en un instante paralelo a la eternidad íntima, el punto de equilibrio entre estar vivo y darse cuenta de ello; es decir, me di cuenta que se me podría clasificar como extraterrestre o nada y daría lo mismo, al fin y al cabo, la lucha no era de términos sino de sentimientos, de sensibilidad profunda contra pilares de realidad acostumbrada y vigas de continuidad estable. Lloré, como nunca antes por una emoción lo había hecho y, al mismo minuto en que mis lágrimas al asfalto se caían, una idea me vino a la cabeza como gota sobre su sombra o cuervo sobre su presa.
La idea apenas era un sentir, un estallido de luces intermitentes de razón y de locura. Y lo que valía la pena decir de ella no era su existencia sino su contenido, que, a manera de presencia letrada, me dijo que la Imaginación del urbanauta está atrofiada por su gran cinismo metafórico y su humanidad esclavizada por lo plano, por lo llano de los cristales, de las pancartas de guerra, de las canciones de violencia. En resumen, un poco vislumbrista y poético, me dijo que la ensoñación, perdida en el atrofio de la mentalidad, era la calve para sacar al ciudadano de todo ese nudo sin fin y comienzo en que lo encerraban los edificios y paredes, las avenidas y las calles.
Ahora escribo esto mientras en la punta de un cerro miro la Ciudadélica bogotana y pienso versos en trino y alucinaciones en prosa. Pienso, que entre más ensueño mi ciudad enajenada de ésta, más la misma se apropiara de razones para darme alegría, felicidad y energía; todas en dosis de bebida magullada por el labio carmesí de una mujer desnuda en su placer, insertada en el olvido de sus propios besos. Los que me olvidaron cuando canté tras el muro de toda una realidad construida en la velocidad de su presente y en lo agitado de su olvido.
Thursday, November 23, 2006
Nostalgia
Por: Nicolás Corrales.
Supe siempre llegar extraviado, distraído de males, sobre esos
espesos jardines de extensas estepas violeta cual tálamo los
sentimientos fallecen y las fantasías avivan, hallando el oculto
nido donde la parda luz ha alcanzado la maravilla en fatales
eriales donde se ha resuelto la soberana noche que impera en las alturas.
Ya el sendero, a mis pasos, se ha ensombrecido y yo más cansado por
mis angustias que por la indeliberada ruta, he tocado los confines, los
más abandonados, donde nacarados licores se deslizan profusos regándose
en riachuelos, el glorioso cáliz de un vagabundo quien desea recobrar en
los más hostiles respiros los delicados recuerdos del alma.
Bebido de néctares recónditos, he caído embrujado en los florales que allí
osan a crecer en pena, vestidos de luctuosa y apacible divinidad, ellos me asedian y me hacen descansar en tierra más fúnebre ¡que no se funda belleza en el corazón! Porque de la manera más prieta mi ánimo ha sido atravesado por una nostalgia excitada y por un pobre amor ¡que no se irá!
Y mí cuerpo se ha rendido ante el deshabito de la felicidad; saber que he convertido mi existencia en una crudo descuido, que de la dicha yo he olvidado
los adagios y ya buen tiempo ha pasado desde que enmudecí las glaciales oraciones: Pétalos nocturnos ahora me engalanan, mitigando uno a uno los ardientes latidos, hilando uno a uno ignotos sentimientos que navegan.
Debo haber conquistado, bajo lamentos, el sueño, entre encantadas flores,
las más primorosos a mis ojos que se han dado a la profundidad; me he ido,
sin mayor peso, con los arrojos de una brisa muerta donde yacen ocultos
aromas de inciensos infernales; mi cuerpo, arrojado a bálsamos se lapida y los rayos de un amanecer nunca acá lo tocarán.
Bajo un tul de consumidas hojas negras, escondido estoy tratando de distinguir las horas del día que trascurren en una sola luna guardada en un velamen de brumas que soplan silencios monstruosos que resignan mi soledad, mi fiel y humana disputa ¡He escuchado en la afonía del tiempo las horas próximas a las revelaciones! ¿Ennegrecidas señales han de ir a mi encuentro?
“Fantasías dionisiacas, de este hombre herido, te han traído a mi lado y he recostado tu cuerpo al amparo de mis brazos y tus ojos que no me dejan, tu boca que no me suelta y mi mano prevenida no atiende la fiebre del corazón.
Y en tu vientre veo una sola luz como el albor que ya buen tiempo no me baña
Y te acaricio y tú sonríes como si en verdad quisieras verme con vida ¡y tu vientre que me conmueve humanamente! Y ahora despertar para…”
He repuesto mi ánimo para nuevamente ver las féminas violetas
que han de ser ahora, cada una, una lira enamorada que a la
inspiración abatida encenderán su conciencia bebiendo otra vez
los hirvientes líquidos y arrancando otra vez las ennegrecidas corolas.
Supe siempre llegar extraviado, distraído de males, sobre esos
espesos jardines de extensas estepas violeta cual tálamo los
sentimientos fallecen y las fantasías avivan, hallando el oculto
nido donde la parda luz ha alcanzado la maravilla en fatales
eriales donde se ha resuelto la soberana noche que impera en las alturas.
Ya el sendero, a mis pasos, se ha ensombrecido y yo más cansado por
mis angustias que por la indeliberada ruta, he tocado los confines, los
más abandonados, donde nacarados licores se deslizan profusos regándose
en riachuelos, el glorioso cáliz de un vagabundo quien desea recobrar en
los más hostiles respiros los delicados recuerdos del alma.
Bebido de néctares recónditos, he caído embrujado en los florales que allí
osan a crecer en pena, vestidos de luctuosa y apacible divinidad, ellos me asedian y me hacen descansar en tierra más fúnebre ¡que no se funda belleza en el corazón! Porque de la manera más prieta mi ánimo ha sido atravesado por una nostalgia excitada y por un pobre amor ¡que no se irá!
Y mí cuerpo se ha rendido ante el deshabito de la felicidad; saber que he convertido mi existencia en una crudo descuido, que de la dicha yo he olvidado
los adagios y ya buen tiempo ha pasado desde que enmudecí las glaciales oraciones: Pétalos nocturnos ahora me engalanan, mitigando uno a uno los ardientes latidos, hilando uno a uno ignotos sentimientos que navegan.
Debo haber conquistado, bajo lamentos, el sueño, entre encantadas flores,
las más primorosos a mis ojos que se han dado a la profundidad; me he ido,
sin mayor peso, con los arrojos de una brisa muerta donde yacen ocultos
aromas de inciensos infernales; mi cuerpo, arrojado a bálsamos se lapida y los rayos de un amanecer nunca acá lo tocarán.
Bajo un tul de consumidas hojas negras, escondido estoy tratando de distinguir las horas del día que trascurren en una sola luna guardada en un velamen de brumas que soplan silencios monstruosos que resignan mi soledad, mi fiel y humana disputa ¡He escuchado en la afonía del tiempo las horas próximas a las revelaciones! ¿Ennegrecidas señales han de ir a mi encuentro?
“Fantasías dionisiacas, de este hombre herido, te han traído a mi lado y he recostado tu cuerpo al amparo de mis brazos y tus ojos que no me dejan, tu boca que no me suelta y mi mano prevenida no atiende la fiebre del corazón.
Y en tu vientre veo una sola luz como el albor que ya buen tiempo no me baña
Y te acaricio y tú sonríes como si en verdad quisieras verme con vida ¡y tu vientre que me conmueve humanamente! Y ahora despertar para…”
He repuesto mi ánimo para nuevamente ver las féminas violetas
que han de ser ahora, cada una, una lira enamorada que a la
inspiración abatida encenderán su conciencia bebiendo otra vez
los hirvientes líquidos y arrancando otra vez las ennegrecidas corolas.
El Camino
Por: Nicolás Corrales.
CAMINO
17 de abirl de 2006.
Mas así corrí por las fronteras del corazón de un país
llevando holgada la irónica libertad sobre la espalda,
arcas de carne y viento, sangre y sentimiento
que alzan ligero el escueto consuelo de mi vicio juvenil.
Desinteresado deambulé sin atender al desnudo escritor de viejos
testamentos engalanarse de eclipsados laureles, velando, prisionero,
las cárceles blanquecinas mientras moralizado suspiraba
vacilaciones trasponiendo al oído locura al hombre.
Continué, no volví mi vista ni aún advirtiendo en los ojos de los niños
las luces de la pólvora estallando en tan candidas condiciones el día de fiesta;
yo hubiese, en tiempos más afables de cuando de mi tumba no me interesaba,
salir en risotadas aplaudiendo al cielo mientras llovía de fuego un arco iris.
Pero recuerdo que bajaron injustos hálitos enamorados ese día y
mi vida fácilmente arrebataron. Di tiempo, portándome
orgulloso para esperar el amor, pero él, más siniestro, nunca llego
y la gran herida que produjo su ausencia fue mi despedida.
¡No soporte el dolor! Fue tal el envilecimiento de la daga que
ceñí todo amor que aguardara espera., del más insignificante
al más magnífico yo me pude jactar brusca y remordidamente:
No quise escuchar los lamentos de la pobre familia.
Una sedición de sombras, para tan resistidos olvidos, para
tan placidos recuerdos, que como trampas reclaman la
memoria cuando esta duerme o enferma en nostalgia,
presumí como bendito mientras dolido mesuraba mis penas.
Y así, en aversiones, veía allá en la cima un paramento viniendo
acérrimo a hacer la oscuridad, el verdugo para con mi desconsuelo
quien sin tregua me canta mis sueños turbulentos, quien provoca
en lagrimas de terciopelo las luces de mi huérfana responsabilidad.
Tendí mi camino lejos sobre las gráciles luces de una ciudad capital,
si el ocaso fue gran enemigo la noche sería mi más fino mal, pero fue
fresca e impasible y de una hadada mano yo fui a caminar, persiguiendo
los silencios abiertos y el gran remedio para beber la soledad.
Me fié demasiado de un apasionado lenguaje en cual júbilo
ampare toda callada prosa que recitaba al verme
perdido y conmovido por tanta impresión desorientada,
donde arrojaba la embriaguez de mi destino.
El idealismo el valiente aspecto de la razón
¡Cuando me hallaba en esos fríos charcos oscuros
y llenos de ceniza con mi rostro a media luz!,
el provocativo semblante de la existencia más libre.
El cáustico reposo del corazón al dar oídos
a esas palpitas voces del espíritu errante:
Realmente suspiraba al verme perdido
CAMINO
17 de abirl de 2006.
Mas así corrí por las fronteras del corazón de un país
llevando holgada la irónica libertad sobre la espalda,
arcas de carne y viento, sangre y sentimiento
que alzan ligero el escueto consuelo de mi vicio juvenil.
Desinteresado deambulé sin atender al desnudo escritor de viejos
testamentos engalanarse de eclipsados laureles, velando, prisionero,
las cárceles blanquecinas mientras moralizado suspiraba
vacilaciones trasponiendo al oído locura al hombre.
Continué, no volví mi vista ni aún advirtiendo en los ojos de los niños
las luces de la pólvora estallando en tan candidas condiciones el día de fiesta;
yo hubiese, en tiempos más afables de cuando de mi tumba no me interesaba,
salir en risotadas aplaudiendo al cielo mientras llovía de fuego un arco iris.
Pero recuerdo que bajaron injustos hálitos enamorados ese día y
mi vida fácilmente arrebataron. Di tiempo, portándome
orgulloso para esperar el amor, pero él, más siniestro, nunca llego
y la gran herida que produjo su ausencia fue mi despedida.
¡No soporte el dolor! Fue tal el envilecimiento de la daga que
ceñí todo amor que aguardara espera., del más insignificante
al más magnífico yo me pude jactar brusca y remordidamente:
No quise escuchar los lamentos de la pobre familia.
Una sedición de sombras, para tan resistidos olvidos, para
tan placidos recuerdos, que como trampas reclaman la
memoria cuando esta duerme o enferma en nostalgia,
presumí como bendito mientras dolido mesuraba mis penas.
Y así, en aversiones, veía allá en la cima un paramento viniendo
acérrimo a hacer la oscuridad, el verdugo para con mi desconsuelo
quien sin tregua me canta mis sueños turbulentos, quien provoca
en lagrimas de terciopelo las luces de mi huérfana responsabilidad.
Tendí mi camino lejos sobre las gráciles luces de una ciudad capital,
si el ocaso fue gran enemigo la noche sería mi más fino mal, pero fue
fresca e impasible y de una hadada mano yo fui a caminar, persiguiendo
los silencios abiertos y el gran remedio para beber la soledad.
Me fié demasiado de un apasionado lenguaje en cual júbilo
ampare toda callada prosa que recitaba al verme
perdido y conmovido por tanta impresión desorientada,
donde arrojaba la embriaguez de mi destino.
El idealismo el valiente aspecto de la razón
¡Cuando me hallaba en esos fríos charcos oscuros
y llenos de ceniza con mi rostro a media luz!,
el provocativo semblante de la existencia más libre.
El cáustico reposo del corazón al dar oídos
a esas palpitas voces del espíritu errante:
Realmente suspiraba al verme perdido
Friday, November 17, 2006
Poemas de la mano de un viajero.
Se fue
Se veía venir todo tras la tormenta garrafal de su voz;
tras lo subliminal de ese sonido que ya conozco tanto
que parece que lo olvidara,
que se ausentara para atraparme a cada instante.
Se fue la bailarina y sin ella el imaginario
de instantes de corta distancia
ni el almanaque en que marque el día del menguante
para despertarla y hacerle el amor sin presura,
sin esa falta de claridad presente en la cotidianidad
en que todo amor había desembocado;
y se llevo con ella el humor latente de mis términos
y una causa cambiante para el camino.
Ahora,
que en años este tiempo puede ser piedra,
me propicié al amor con al falta de claridad
ganada de un cardio rojo.
Su flujo constante de lechuzas parcas
y su arroyo de duendes colorines
apenas ahora tras mi espalda cruza,
esperando a que yo decida
cuando detenerme.
Suplicando que toda mi falacia
no se extinga en un suspiro.
Me dijo Mentira. Me dijo Palabra.
Una amada que perdí al instante de su vacío,
sólo señaló tal vez,
la penuria de cada mirada extraviada
y el periplo de todo paso nocturno.
Sólo se dio cuenta, como si viga eso fuese de mi mundo,
de que tras mi labio loco apenas fuegos crecían como espuma
y de que en cada oda,
que intenté describir sin sentido,
había algo de hombre egoísta y de soledad derramada,
vencida por el denso llanto de placeres.
Mirada cautiva,
sucedánea de la propia imagen del pasado,
ahora me señalas por mi esencia sintética de tinta,
por mi mapa clandestino de versos a musas y besos a ninfas,
ninfómanas y águilas descalzas;
tal vez un poco más libres que mi presencia
o más acá de lo importante,
de lo sutil de un crematorio.
Ahora toda tu voz cantada para bailes me dice mentira,
me enamoré de una falacia.
Y yo te digo mi amor es palabra,
te atragantaste de poemas.
A la caída.
Para esta fecha,
en donde la muralla frágil de mi amor,
derrumbó la querida.
No hay un hueco en el centro
ni la mitad es igualdad,
tampoco la ventana deja ver
ni el ojo lo permite.
Toda esta realidad,
en su desorden ebrio de cansancio y de poses,
no se terminó de caer cuando pensé que lo haría,
es decir,
en el hecho mismo, que tras lo bueno de mi,
descubriste un tesoro de isla de piratas.
Lo abriste y apenas cuervos rosa
con hienas sosegadas te hirieron las pupilas con su ruido
y callaron la alegría que traías bajo tu arete,
tras tu pelo,
en el corsé de mariposas y hada sin varita.
A la caída, pues,
va este escrito orgulloso de sí mismo;
único y último testigo del derrumbe de un imperio de bailes
y caricias en suceso fugitivo;
sin alba ni vientos que sostengan el desfalco.
The end.
El final de todo esto se veía venir
Cuando te dije que mi boca me controlaba.
Las ordenes inexplicables que a mi mente
da lo jugoso y triste de una carne,
son exhibidas a tus ojos, sobre los pisos de los mismos.
Nunca jamás pensé preguntarte algo sobre mi soledad
acompañada de tu presencia,
de tu cuerpo tibio en un solsticio de verano embebido,
entrapado de botellas agridulces.
Nunca idealicé que fuera necesario,
ni conveniente.
Y como el mar que golpea sin fuerza porque añora ser cielo,
sin yo creerlo,
me dijiste puto,
pendenciero y demonio cargado de flechas robadas
a Cupido rencoroso y lunático.
Me hablaste como un triste verso lo haría con la tarde o con el cardio,
con la sangre o con la copa.
Sólo puse atención para no olvidar
que traigo un ramo de espinas invisibles;
afiladas, cada una,
con lo duro de una luna cauta
que alumbra una flor de loto.
Podría.
Podría escribir una canción desesperada
y acompañada de guitarras sin madera,
pero apenas recorro la distancia entre tu sonido y mi causa,
en el intermedio de lo que valdría la pena escucharte
y lo que seguramente,
si de tu lengua sale,
llegaría a ser íntimo, allegado,
familiar a mi tristeza.
Podría tomar,
en el caso dado de andar con Rock Stara,
un poco de ginebra de tierras gélidas
y un cuerpo que sólo usa el placer por conveniencia,
por apariencia y proyección de todo el gran sentido del fluido y del gemido,
de la fruta y del instante, que,
apenas abierto,
circula en la rueda del tiempo como juguete de óxido
y bala sin chispa ni venganza.
Lo peor es que apenas hablo de la pena violeta
que se encarga de mi corazón rojo,
lo único que alcanzo son sus trajes terciopelo en mármol
y las tarde en que amados,
bajo la sombra de un árbol,
nos dimos la derrota mutua en conveniencia de juerguistas del cariño
y locos debidos al alba.
Nos miramos uno al otro sin uno en un instante de dualismo excéntrico
y con olor a oda de uva sangre.
Se veía venir todo tras la tormenta garrafal de su voz;
tras lo subliminal de ese sonido que ya conozco tanto
que parece que lo olvidara,
que se ausentara para atraparme a cada instante.
Se fue la bailarina y sin ella el imaginario
de instantes de corta distancia
ni el almanaque en que marque el día del menguante
para despertarla y hacerle el amor sin presura,
sin esa falta de claridad presente en la cotidianidad
en que todo amor había desembocado;
y se llevo con ella el humor latente de mis términos
y una causa cambiante para el camino.
Ahora,
que en años este tiempo puede ser piedra,
me propicié al amor con al falta de claridad
ganada de un cardio rojo.
Su flujo constante de lechuzas parcas
y su arroyo de duendes colorines
apenas ahora tras mi espalda cruza,
esperando a que yo decida
cuando detenerme.
Suplicando que toda mi falacia
no se extinga en un suspiro.
Me dijo Mentira. Me dijo Palabra.
Una amada que perdí al instante de su vacío,
sólo señaló tal vez,
la penuria de cada mirada extraviada
y el periplo de todo paso nocturno.
Sólo se dio cuenta, como si viga eso fuese de mi mundo,
de que tras mi labio loco apenas fuegos crecían como espuma
y de que en cada oda,
que intenté describir sin sentido,
había algo de hombre egoísta y de soledad derramada,
vencida por el denso llanto de placeres.
Mirada cautiva,
sucedánea de la propia imagen del pasado,
ahora me señalas por mi esencia sintética de tinta,
por mi mapa clandestino de versos a musas y besos a ninfas,
ninfómanas y águilas descalzas;
tal vez un poco más libres que mi presencia
o más acá de lo importante,
de lo sutil de un crematorio.
Ahora toda tu voz cantada para bailes me dice mentira,
me enamoré de una falacia.
Y yo te digo mi amor es palabra,
te atragantaste de poemas.
A la caída.
Para esta fecha,
en donde la muralla frágil de mi amor,
derrumbó la querida.
No hay un hueco en el centro
ni la mitad es igualdad,
tampoco la ventana deja ver
ni el ojo lo permite.
Toda esta realidad,
en su desorden ebrio de cansancio y de poses,
no se terminó de caer cuando pensé que lo haría,
es decir,
en el hecho mismo, que tras lo bueno de mi,
descubriste un tesoro de isla de piratas.
Lo abriste y apenas cuervos rosa
con hienas sosegadas te hirieron las pupilas con su ruido
y callaron la alegría que traías bajo tu arete,
tras tu pelo,
en el corsé de mariposas y hada sin varita.
A la caída, pues,
va este escrito orgulloso de sí mismo;
único y último testigo del derrumbe de un imperio de bailes
y caricias en suceso fugitivo;
sin alba ni vientos que sostengan el desfalco.
The end.
El final de todo esto se veía venir
Cuando te dije que mi boca me controlaba.
Las ordenes inexplicables que a mi mente
da lo jugoso y triste de una carne,
son exhibidas a tus ojos, sobre los pisos de los mismos.
Nunca jamás pensé preguntarte algo sobre mi soledad
acompañada de tu presencia,
de tu cuerpo tibio en un solsticio de verano embebido,
entrapado de botellas agridulces.
Nunca idealicé que fuera necesario,
ni conveniente.
Y como el mar que golpea sin fuerza porque añora ser cielo,
sin yo creerlo,
me dijiste puto,
pendenciero y demonio cargado de flechas robadas
a Cupido rencoroso y lunático.
Me hablaste como un triste verso lo haría con la tarde o con el cardio,
con la sangre o con la copa.
Sólo puse atención para no olvidar
que traigo un ramo de espinas invisibles;
afiladas, cada una,
con lo duro de una luna cauta
que alumbra una flor de loto.
Podría.
Podría escribir una canción desesperada
y acompañada de guitarras sin madera,
pero apenas recorro la distancia entre tu sonido y mi causa,
en el intermedio de lo que valdría la pena escucharte
y lo que seguramente,
si de tu lengua sale,
llegaría a ser íntimo, allegado,
familiar a mi tristeza.
Podría tomar,
en el caso dado de andar con Rock Stara,
un poco de ginebra de tierras gélidas
y un cuerpo que sólo usa el placer por conveniencia,
por apariencia y proyección de todo el gran sentido del fluido y del gemido,
de la fruta y del instante, que,
apenas abierto,
circula en la rueda del tiempo como juguete de óxido
y bala sin chispa ni venganza.
Lo peor es que apenas hablo de la pena violeta
que se encarga de mi corazón rojo,
lo único que alcanzo son sus trajes terciopelo en mármol
y las tarde en que amados,
bajo la sombra de un árbol,
nos dimos la derrota mutua en conveniencia de juerguistas del cariño
y locos debidos al alba.
Nos miramos uno al otro sin uno en un instante de dualismo excéntrico
y con olor a oda de uva sangre.
Tuesday, November 14, 2006
Naturaleza
Por: Nicolás Corrales.
Naturaleza
I
De repente hasta la misma naturaleza me es amarga
son los estupores de una vida que transita intratable,
es la mente que no se embelesa de calma, lasitudes
que se hallan en los desordenes del corazón.
A veces, en las ideas de la riqueza, se ven
más brillantes los astros, se adultera la conciencia,
se mistifica, y ¡oh grandísima caridad!
que te resignas a una indiferencia
Y hay andariego solo me acompaño de una ferviente
sombra que me atraviesa precisa con apolónidas sensaciones,
frialdades frescas y antiguas, que convienen emigrar la dicha,
llevándola moribunda, con uno de esos vicios de la devoción.
Advertir en el corazón la extasiada existencia
¡ay deseo nacer sin un solo luto y sin afectivas quejas!
Que me asalten los lujos de la virtud y las distinciones
del ingenio ¡Paz!
II
Ya en un principio Bogotá eh descubierto. En cada persona
está la ciudad. Y todos somos tan frágilmente reducidos
a la igualdad.
Pero, en efecto, los confines de esta tierra
han de sacudirse de las anomalías morales
Me encuentro de la mano de esta sensible familia,
que ya no llora sobre el engaño y el crimen, que de
la borrascosa simpatía alza su infame libertad
y que de toda pena le es feliz el injusto amor.
Pero me siento contagiado en lo que atañe
a las facultades del alma, por ello no atiendo
esas formidables orlas con que se ah abrigado la capital,
soy un invidente del buen espíritu,
Entonces no reconozco la prosperidad y el encanto,
la humanidad y modestia, la resiliencia y vida
de esta tierra que se concibe reveladora
bajo este mismo y pasajero cielo.
III
Lejos yo, un desierto con una luna propia, camino,
encogido y mojado, empapado de costumbres
y todo eso que la gran mayoría maneja vulnerablemente;
la cultura e ideas de urbanidad.
Sin embargo la moral, del que en un principio fue una luz
considerada en los hechos de un paradigma en el universo,
ahora en pobre tierra mantiene está como una insidiosa
manifestación agredida; Un gran siglo de la “hiper-realidad”.
He querido resistirme a pensar en estado, esto junto a la
nación es un compromiso muy grande, de allí mido
mi ilustre ignorancia. Nunca tan hidalgos propósitos
habían importado tan poco ¡Mi ansiedad no es la patria!
Una lírica presa y legitima que advierta los estados
del pueblo, esos son los menesteres de los instruidos.
A mí aún me empaña la existencia y las fragilidades
humanas y los vicios que no eh de otorgar al compromiso.
IV
¡Ah humanidad doliente y ambiciosa, ah familia, ah amigos,
ah amor ustedes son los responsables de la patria! Ustedes
a los que la escasez y sueños de lejanas tierras los acosa,
ustedes que la libertad cazan con clementes oraciones
¿Acaso la estulticia de los asuntos modernos es capaz de
deformar diligentemente nuestra idiosincrasia amancillada?
Que suceda si ha de suceder la germanía en cada uno de nosotros,
que no se medite sobre la divergencia social y la ciencia apresurada.
Así, de este u otro modo, iremos olvidando los discursos y las
pretensiones fanáticas y fuera de acción. Alejémonos de las
consideraciones que nos aquejan y salgamos tras las luces
de los altos continentes que son más brillantes en nuestra oscuridad
No son mis penas ni mis más rapaces sentimientos quienes hablan,
es el deshabito que traen estos tiempos. Es la poción ociosa que se
nos ofrece. Penuria, carencia y deseo que sea para el hombre, esa
será su naturaleza y su más deseada alegría.
Naturaleza
I
De repente hasta la misma naturaleza me es amarga
son los estupores de una vida que transita intratable,
es la mente que no se embelesa de calma, lasitudes
que se hallan en los desordenes del corazón.
A veces, en las ideas de la riqueza, se ven
más brillantes los astros, se adultera la conciencia,
se mistifica, y ¡oh grandísima caridad!
que te resignas a una indiferencia
Y hay andariego solo me acompaño de una ferviente
sombra que me atraviesa precisa con apolónidas sensaciones,
frialdades frescas y antiguas, que convienen emigrar la dicha,
llevándola moribunda, con uno de esos vicios de la devoción.
Advertir en el corazón la extasiada existencia
¡ay deseo nacer sin un solo luto y sin afectivas quejas!
Que me asalten los lujos de la virtud y las distinciones
del ingenio ¡Paz!
II
Ya en un principio Bogotá eh descubierto. En cada persona
está la ciudad. Y todos somos tan frágilmente reducidos
a la igualdad.
Pero, en efecto, los confines de esta tierra
han de sacudirse de las anomalías morales
Me encuentro de la mano de esta sensible familia,
que ya no llora sobre el engaño y el crimen, que de
la borrascosa simpatía alza su infame libertad
y que de toda pena le es feliz el injusto amor.
Pero me siento contagiado en lo que atañe
a las facultades del alma, por ello no atiendo
esas formidables orlas con que se ah abrigado la capital,
soy un invidente del buen espíritu,
Entonces no reconozco la prosperidad y el encanto,
la humanidad y modestia, la resiliencia y vida
de esta tierra que se concibe reveladora
bajo este mismo y pasajero cielo.
III
Lejos yo, un desierto con una luna propia, camino,
encogido y mojado, empapado de costumbres
y todo eso que la gran mayoría maneja vulnerablemente;
la cultura e ideas de urbanidad.
Sin embargo la moral, del que en un principio fue una luz
considerada en los hechos de un paradigma en el universo,
ahora en pobre tierra mantiene está como una insidiosa
manifestación agredida; Un gran siglo de la “hiper-realidad”.
He querido resistirme a pensar en estado, esto junto a la
nación es un compromiso muy grande, de allí mido
mi ilustre ignorancia. Nunca tan hidalgos propósitos
habían importado tan poco ¡Mi ansiedad no es la patria!
Una lírica presa y legitima que advierta los estados
del pueblo, esos son los menesteres de los instruidos.
A mí aún me empaña la existencia y las fragilidades
humanas y los vicios que no eh de otorgar al compromiso.
IV
¡Ah humanidad doliente y ambiciosa, ah familia, ah amigos,
ah amor ustedes son los responsables de la patria! Ustedes
a los que la escasez y sueños de lejanas tierras los acosa,
ustedes que la libertad cazan con clementes oraciones
¿Acaso la estulticia de los asuntos modernos es capaz de
deformar diligentemente nuestra idiosincrasia amancillada?
Que suceda si ha de suceder la germanía en cada uno de nosotros,
que no se medite sobre la divergencia social y la ciencia apresurada.
Así, de este u otro modo, iremos olvidando los discursos y las
pretensiones fanáticas y fuera de acción. Alejémonos de las
consideraciones que nos aquejan y salgamos tras las luces
de los altos continentes que son más brillantes en nuestra oscuridad
No son mis penas ni mis más rapaces sentimientos quienes hablan,
es el deshabito que traen estos tiempos. Es la poción ociosa que se
nos ofrece. Penuria, carencia y deseo que sea para el hombre, esa
será su naturaleza y su más deseada alegría.
La poeta y la puta
Para Alejandra,una porteña con olor a poema.
Corrías tras el corset de tu cintura
y te atrevías en la boca de tus clientes;
apenas gordos drogadictos,
si a caso pendencieros del dinero
o en el mejor de tus cielos,
un dios que bajó a Tierra y en esta Santiago
se quedó bebiendo con putas y obreros.
Porque lo sé ya todo mujer supremada
de placeres incipientes y agobiada por las copas de tu trino del alba
y de la noche,
de la luna y del espejo.
¡No quiero saber más tus ingratitudes!
¡Tampoco busco acerrarte en lo íntimo de tu presencia!
....Quedate después de esta noche
sobre mis sábanas de mujer amada,
ya que tú,
otriedad vagabunda de dama violada,
apenas precedes en el viento tus pesares
cuando sales corriendo
con los bronces en la mano
y el valor en el bolsillo.
Te quedas con mi cardio envuelto
en pétalos de loto violáceo
y lluvia florida de espectros de tus gritos;
te quedas para saber que nunca fuiste.
Corrías tras el corset de tu cintura
y te atrevías en la boca de tus clientes;
apenas gordos drogadictos,
si a caso pendencieros del dinero
o en el mejor de tus cielos,
un dios que bajó a Tierra y en esta Santiago
se quedó bebiendo con putas y obreros.
Porque lo sé ya todo mujer supremada
de placeres incipientes y agobiada por las copas de tu trino del alba
y de la noche,
de la luna y del espejo.
¡No quiero saber más tus ingratitudes!
¡Tampoco busco acerrarte en lo íntimo de tu presencia!
....Quedate después de esta noche
sobre mis sábanas de mujer amada,
ya que tú,
otriedad vagabunda de dama violada,
apenas precedes en el viento tus pesares
cuando sales corriendo
con los bronces en la mano
y el valor en el bolsillo.
Te quedas con mi cardio envuelto
en pétalos de loto violáceo
y lluvia florida de espectros de tus gritos;
te quedas para saber que nunca fuiste.
Wednesday, November 08, 2006
A los Mrineros
Por: Lauro
A Popeye
En los barcos la sensación de adelante y de atrás se vuelve un hilo invisible,
un ir y venir dentro de las sumisiones de la brisa,
un desafío al azar en los dados lanzados
por una comunidad infortunada de personas que están amarradas
al carrete del océano.
Una inmensa nave,
que como pez que no se hunde
intenta hacerle un grieta a todo el mar en su grandeza,
una fisura que lleve a las sirenas
y a las orillas menos lejanas y más de arena.
Si es que los marineros parten desde un puerto
como cuando una hoja se desprende de un árbol,
tú,
Marino,
eres una raya en el mar de las razones de un viaje,
de un cruzar el mundo en la inagotable subsistencia
de saber que no hay tierra cerca,
que lo que sigue es sólo sal y desconocimiento,
Belleza,
Presión,
Soledad y Desconsuelo bajo la luna
y bajo los astros que también vigilan los delfines
y con las eternas olas,
que son el gemir del viento con el agua amándose
en el arrullo del tiempo y de la salvedad inútil.
Quisiera tener un puerto desde el cual partieran las diferentes proas de mi barca-alma,
que se fuera para encontrarse con el navio ebrio de un francés,
de unos tantos,
de unos miles que tenían tras sí la guerra de sus propias odas,
el amor de unos corazones sólo hombres
y la caricia de un joven por un ebrio,
de un loco por un niño.
¡Ah! No sé si a Popeye o a Rimbaud,
a los marineros de Perl Harbor,
o a el capitan Nemo,
se les pueda decir que su victoria fue toda una fantasía
de color azul
y animales hermosos que bailan
en corales violeta
y se aman tras lo profundo de un mismo océano.
No sé si sería prudente
advertir que a la inmensidad del Pacífico y el Atlántico
la ensoñó Verne y todo el que relató el piélago como su ebriedad,
allí su aventura tuvo origen y suceso;
sirenas que abandonan su propia rareza
para ser amadas en la página de un escrito
y hombres que regalan bajo el trino
pedazos de su propia agua.
Lo único faltante,
rol de nadador,
tú Marino,
héroe de historias diferentes para el amor,
te sales con la tuya mientras vuelas sobre toda la confusión
y el firmamento y sabes que un viaje,
como diría todo Pirata,
significa la libertad más que cualquier placer o caricia.
A Popeye
En los barcos la sensación de adelante y de atrás se vuelve un hilo invisible,
un ir y venir dentro de las sumisiones de la brisa,
un desafío al azar en los dados lanzados
por una comunidad infortunada de personas que están amarradas
al carrete del océano.
Una inmensa nave,
que como pez que no se hunde
intenta hacerle un grieta a todo el mar en su grandeza,
una fisura que lleve a las sirenas
y a las orillas menos lejanas y más de arena.
Si es que los marineros parten desde un puerto
como cuando una hoja se desprende de un árbol,
tú,
Marino,
eres una raya en el mar de las razones de un viaje,
de un cruzar el mundo en la inagotable subsistencia
de saber que no hay tierra cerca,
que lo que sigue es sólo sal y desconocimiento,
Belleza,
Presión,
Soledad y Desconsuelo bajo la luna
y bajo los astros que también vigilan los delfines
y con las eternas olas,
que son el gemir del viento con el agua amándose
en el arrullo del tiempo y de la salvedad inútil.
Quisiera tener un puerto desde el cual partieran las diferentes proas de mi barca-alma,
que se fuera para encontrarse con el navio ebrio de un francés,
de unos tantos,
de unos miles que tenían tras sí la guerra de sus propias odas,
el amor de unos corazones sólo hombres
y la caricia de un joven por un ebrio,
de un loco por un niño.
¡Ah! No sé si a Popeye o a Rimbaud,
a los marineros de Perl Harbor,
o a el capitan Nemo,
se les pueda decir que su victoria fue toda una fantasía
de color azul
y animales hermosos que bailan
en corales violeta
y se aman tras lo profundo de un mismo océano.
No sé si sería prudente
advertir que a la inmensidad del Pacífico y el Atlántico
la ensoñó Verne y todo el que relató el piélago como su ebriedad,
allí su aventura tuvo origen y suceso;
sirenas que abandonan su propia rareza
para ser amadas en la página de un escrito
y hombres que regalan bajo el trino
pedazos de su propia agua.
Lo único faltante,
rol de nadador,
tú Marino,
héroe de historias diferentes para el amor,
te sales con la tuya mientras vuelas sobre toda la confusión
y el firmamento y sabes que un viaje,
como diría todo Pirata,
significa la libertad más que cualquier placer o caricia.
Tuesday, November 07, 2006
Poemas a la altura de una barra
Primera copa
A esta primera copa le dedico el amor dormido tras las cobijas pudibundas,
le entrego mi garganta adormecida por el llanto fúnebre
y le dejo un desierto dispuesto a aclararse en la mañana
con los primeros vistes de sol naciente.
A este primer sorbo de tequila ardiente
de ron cubano
de escocés mal trajeado
o de vodka-ginebra-pizco,
le dedico toda la palabra que se atrinchera tras las mesas
y absolutamente,
sin que sobren pedazos,
le dejo la inefabilidad servida en cunchos de alcohol pacientes.
Lo peor es que la botella vacía,
con los labios-rojos-calientes
de la bebedora que me acompañó hace instantes,
me separa de la realidad de esta beodez insensata y sin puntos de encuentro.
Siempre en medio de todo este líquido sucesivo de amarguras
hay un poco de verdad entramada de vislumbres
y llantos,
un camino sin retorno
que vale la pena gozar sin barreras de naturaleza alguna
y que se abandona con la facilidad con que yo dejo este poema.
A medias,
entrapado en gotas de sal agua marina
que acompañan el cóctel de tus encantos
y tus sentires violeta azufre.
Segunda copa
No estoy más loco
sino más sincero,
no soy errabundo sino parco,
no bailo sino que siento lo inevitable del festival
que sucede en mí,
sin ningún apropio ni burla,
sin alguna mofa posible
desde mis alrededores o mis presentes.
A la bebida que se apropia de mi demonio insaciable
y al mismo Lucifer que nace en mí sin despertares ni pesares,
va todo este movimiento de fuerzas y lluvias
para escribir una palabra,
va toda la energía curvi-línea
de la realidad
que en mí
apenas llega a parecer disturbio,
caos
y un vaso roto
tras lo triste de su pena.
Tercera Copa( La danza de un trago surreal)
Cuando un hombre quiere pagar una copa no es necesario que le digan de qué sabor la prefiere, él siempre busca un tono, una agria sensación a estados alterados y concepciones juerguistas de la vida. Digamos un ejemplo que clarifique la experiencia de una tercera copa tomada por alguien. Hablemos en las palabras que me dispongo a decir, que para muchos, de alguna manera pueden parecer confundidas. Esto se debe a que fueron escritas en una solicitud nefasta de copas sobre la garganta y el corazón, fueron elaboradas mientras los vasos transparentes de locura se agrandaban y achiquitaban como la cantidad de ron, ginebra o vodka rosa bebido por mi deseo nefasto de beodo y caminante lunático.
Y para que decirlo, ahora camino con la seguridad que tengo de saber que ser lúcido paga mucho por el orden, pero la verdad, es que la locura, que en ocasiones alcanza los límites de la conciencia misma, es otro camino opcional que debe ser tomado con irresponsabilidad y discontinuidad. (esto piensa la siguiente persona)
Aleixandre se sienta en una mesa, una mesa en donde sólo hay una silla (la de él) y donde no hay más mesas ni personas comiendo. Hay un mozo, con la camisa blanca abierta, parece degenerado. Se acerca a Aleixandre, le habla con al propiedad que ya le han dado cientos de conversaciones con clientes tontos. Hola señor Aleixandre, claro, claro, acá le vamos a atender todas las cosas que usted requiera, sí, recuerde que usted tiene ciertos privilegios, ¿cuáles?, oh no señor Aleixandre, no le puedo decir cuáles son esos privilegios porque para acceder a ellos tendrá que pasar una prueba, sí señor Aleixandre, una prueba en donde demuestre que merece tenerlos y disfrutarlos, ¿qué cuánto tiene que pagar?, o no señor Aleixandre, no tendrá que pagar un peso, ni siquiera se los van a recargar en la cuenta, tiene es que ganarlos en una serie de pruebas, o bueno, en una prueba.
El mozo se calla y se va. El hombre en la mesa queda pasmado, esperando a que le digan qué es lo que tendrá que hacer para ganar los privilegios. Aleixandre se imagina que tendrá que correr por las pistas de atletismo que tiene el hotel, o que por el contrario, la prueba tenga que ver con su debilidad profunda, las matemáticas, si los ponen a hacer cuentas, Aleixandre va a quedar como un pedazo de recto tirado en una calle de tierra llena de bosta felina y calzones de puta. Va a quedar bastante mal.
El tiempo corre sobre el círculo en el que se le permite, anda como si su propio camino no se debiera a él mismo sino a otros tiempos, al de cada uno, al de muchos fragmentado en las pasiones y emociones de una dama de familia o de un ejecutivo iluso que ahora bebe vodka sobre la barra de un bar.
De un tonto bar
en el cual las damas,
todas putas ellas,
y los hombres,
todos sátiros y perros,
se comieron hasta no encontrar más filetes-carnes-perniles-besos-caricias-pieles-sumisas-roídas en la cima de un coito que interrumpe el rayo de la Luna y avala la gloria de una sola causa ,
de una desnuda y violada causa,
penetrada por los rigores de una noche
y justificada
en lo más sumiso
de su placer interno.
Y digo todo esto,
Poema maldito de barra,
hasta donde me permites llegar junto a la botella vacía,
la que cuando canto el salto nocturno
sobre la calle me dispara con fragancias
étílicas-invisibles-sensibles-agridulces,
y una montaña de ceniza se dispersa por el poco tiempo de toda una locura,
y un movimiento de una dama
me enfurece la ternura
y me sepulta la nostalgia.
Aleixandre espera la copa que le va a traer el mozo. El mozo llega, le dice que el papel de la cuenta se lo pida cuando vaya a salir. Se queda parado junto a la mesa después de bajar el trago de la bandeja. ¿Se queda esperando el destino de la propina o del cliente? Aleixandre cree que es la propina y saca dinero pero el mozo, con la calidad humana que lo había distinguido hasta el momento, le dice que no se preocupe, que más bien, le diga que música prefiere escuchar, que el se la coloca en el reproductor digital.
Polca—le dice—pero que en serio tengas de la buena polca, no de aquella en la que a veces sonreías tontamente hace dos días para después caerte vomitado y sin receso alguno al alivio.
Las palabras de Aleixandre confundieron al mozo. ¿Cómo sabía que se había emborrachado y que después había regurgitado? ¿Cómo conocía que la música polca que había en el hotel era de mala calidad?
Le preguntó.
Aleixandre titubeó antes de contestarle. No le dijo nada, se quedo mirando el cielo y las nubes mientras el sol de la tarde le pegaba en el rostro y lo hacia un poco más infeliz que en la mañana, pero con algo de ternura improvista que ayer no estaba presente y que de alguna manera inconvenía en lo que se buscaba sentir, era un obstáculo sentimental para lograr el estado de alcoholización que Aleixandre buscaba en vía de darle una respuesta a el mozo.
La verad-le dijo—yo lo único que sé
es que cuando me tome la tercer copa,
me di cuenta de que al usted hablar
no tenía nada de sinceridad en sus ojos y en las manos,
no poseía usted esa verdad que,
de alguna manera tonta,
tienen que aguardar las personas y el brillo de sus ojos.
Mi brillo está borracho,
y este papel es muestra de que yo,
Aleixandre,
soy capaz
de salirme de la realidad mientras escribo una oda,
meterme en el papel,
estar tranzando palabras a la vez
y sin interrupciones de un tiro
o una bomba,
lanzar la propuesta de vida desde mi corazón al mundo,
una propuesta vagabunda,
placentera,
demoniaca,
bohemia,
llena de aves Fenix que son éxtasis en las noches de la juerga
y se vuelven ceniza en la mañana cuando ya no son amantes,
ni personas,
ni animales.
Son un tóxico,
una carne envenenada de placeres,
unos músculos rojos llenos de suavidad
y unos huesos duros
que no se sienten a ellos mismos.
La calavera sonríe
y un labio se extiende para fumar un poste de alegría,
un poco más cerca de la cuarta copa
para ser feliz por completo,
un poco más lejano que la prudencia,
para aprender a ser sincero sin las copas-seda-agrio-aguardiente
y caballero junto a ellas.
A esta primera copa le dedico el amor dormido tras las cobijas pudibundas,
le entrego mi garganta adormecida por el llanto fúnebre
y le dejo un desierto dispuesto a aclararse en la mañana
con los primeros vistes de sol naciente.
A este primer sorbo de tequila ardiente
de ron cubano
de escocés mal trajeado
o de vodka-ginebra-pizco,
le dedico toda la palabra que se atrinchera tras las mesas
y absolutamente,
sin que sobren pedazos,
le dejo la inefabilidad servida en cunchos de alcohol pacientes.
Lo peor es que la botella vacía,
con los labios-rojos-calientes
de la bebedora que me acompañó hace instantes,
me separa de la realidad de esta beodez insensata y sin puntos de encuentro.
Siempre en medio de todo este líquido sucesivo de amarguras
hay un poco de verdad entramada de vislumbres
y llantos,
un camino sin retorno
que vale la pena gozar sin barreras de naturaleza alguna
y que se abandona con la facilidad con que yo dejo este poema.
A medias,
entrapado en gotas de sal agua marina
que acompañan el cóctel de tus encantos
y tus sentires violeta azufre.
Segunda copa
No estoy más loco
sino más sincero,
no soy errabundo sino parco,
no bailo sino que siento lo inevitable del festival
que sucede en mí,
sin ningún apropio ni burla,
sin alguna mofa posible
desde mis alrededores o mis presentes.
A la bebida que se apropia de mi demonio insaciable
y al mismo Lucifer que nace en mí sin despertares ni pesares,
va todo este movimiento de fuerzas y lluvias
para escribir una palabra,
va toda la energía curvi-línea
de la realidad
que en mí
apenas llega a parecer disturbio,
caos
y un vaso roto
tras lo triste de su pena.
Tercera Copa( La danza de un trago surreal)
Cuando un hombre quiere pagar una copa no es necesario que le digan de qué sabor la prefiere, él siempre busca un tono, una agria sensación a estados alterados y concepciones juerguistas de la vida. Digamos un ejemplo que clarifique la experiencia de una tercera copa tomada por alguien. Hablemos en las palabras que me dispongo a decir, que para muchos, de alguna manera pueden parecer confundidas. Esto se debe a que fueron escritas en una solicitud nefasta de copas sobre la garganta y el corazón, fueron elaboradas mientras los vasos transparentes de locura se agrandaban y achiquitaban como la cantidad de ron, ginebra o vodka rosa bebido por mi deseo nefasto de beodo y caminante lunático.
Y para que decirlo, ahora camino con la seguridad que tengo de saber que ser lúcido paga mucho por el orden, pero la verdad, es que la locura, que en ocasiones alcanza los límites de la conciencia misma, es otro camino opcional que debe ser tomado con irresponsabilidad y discontinuidad. (esto piensa la siguiente persona)
Aleixandre se sienta en una mesa, una mesa en donde sólo hay una silla (la de él) y donde no hay más mesas ni personas comiendo. Hay un mozo, con la camisa blanca abierta, parece degenerado. Se acerca a Aleixandre, le habla con al propiedad que ya le han dado cientos de conversaciones con clientes tontos. Hola señor Aleixandre, claro, claro, acá le vamos a atender todas las cosas que usted requiera, sí, recuerde que usted tiene ciertos privilegios, ¿cuáles?, oh no señor Aleixandre, no le puedo decir cuáles son esos privilegios porque para acceder a ellos tendrá que pasar una prueba, sí señor Aleixandre, una prueba en donde demuestre que merece tenerlos y disfrutarlos, ¿qué cuánto tiene que pagar?, o no señor Aleixandre, no tendrá que pagar un peso, ni siquiera se los van a recargar en la cuenta, tiene es que ganarlos en una serie de pruebas, o bueno, en una prueba.
El mozo se calla y se va. El hombre en la mesa queda pasmado, esperando a que le digan qué es lo que tendrá que hacer para ganar los privilegios. Aleixandre se imagina que tendrá que correr por las pistas de atletismo que tiene el hotel, o que por el contrario, la prueba tenga que ver con su debilidad profunda, las matemáticas, si los ponen a hacer cuentas, Aleixandre va a quedar como un pedazo de recto tirado en una calle de tierra llena de bosta felina y calzones de puta. Va a quedar bastante mal.
El tiempo corre sobre el círculo en el que se le permite, anda como si su propio camino no se debiera a él mismo sino a otros tiempos, al de cada uno, al de muchos fragmentado en las pasiones y emociones de una dama de familia o de un ejecutivo iluso que ahora bebe vodka sobre la barra de un bar.
De un tonto bar
en el cual las damas,
todas putas ellas,
y los hombres,
todos sátiros y perros,
se comieron hasta no encontrar más filetes-carnes-perniles-besos-caricias-pieles-sumisas-roídas en la cima de un coito que interrumpe el rayo de la Luna y avala la gloria de una sola causa ,
de una desnuda y violada causa,
penetrada por los rigores de una noche
y justificada
en lo más sumiso
de su placer interno.
Y digo todo esto,
Poema maldito de barra,
hasta donde me permites llegar junto a la botella vacía,
la que cuando canto el salto nocturno
sobre la calle me dispara con fragancias
étílicas-invisibles-sensibles-agridulces,
y una montaña de ceniza se dispersa por el poco tiempo de toda una locura,
y un movimiento de una dama
me enfurece la ternura
y me sepulta la nostalgia.
Aleixandre espera la copa que le va a traer el mozo. El mozo llega, le dice que el papel de la cuenta se lo pida cuando vaya a salir. Se queda parado junto a la mesa después de bajar el trago de la bandeja. ¿Se queda esperando el destino de la propina o del cliente? Aleixandre cree que es la propina y saca dinero pero el mozo, con la calidad humana que lo había distinguido hasta el momento, le dice que no se preocupe, que más bien, le diga que música prefiere escuchar, que el se la coloca en el reproductor digital.
Polca—le dice—pero que en serio tengas de la buena polca, no de aquella en la que a veces sonreías tontamente hace dos días para después caerte vomitado y sin receso alguno al alivio.
Las palabras de Aleixandre confundieron al mozo. ¿Cómo sabía que se había emborrachado y que después había regurgitado? ¿Cómo conocía que la música polca que había en el hotel era de mala calidad?
Le preguntó.
Aleixandre titubeó antes de contestarle. No le dijo nada, se quedo mirando el cielo y las nubes mientras el sol de la tarde le pegaba en el rostro y lo hacia un poco más infeliz que en la mañana, pero con algo de ternura improvista que ayer no estaba presente y que de alguna manera inconvenía en lo que se buscaba sentir, era un obstáculo sentimental para lograr el estado de alcoholización que Aleixandre buscaba en vía de darle una respuesta a el mozo.
La verad-le dijo—yo lo único que sé
es que cuando me tome la tercer copa,
me di cuenta de que al usted hablar
no tenía nada de sinceridad en sus ojos y en las manos,
no poseía usted esa verdad que,
de alguna manera tonta,
tienen que aguardar las personas y el brillo de sus ojos.
Mi brillo está borracho,
y este papel es muestra de que yo,
Aleixandre,
soy capaz
de salirme de la realidad mientras escribo una oda,
meterme en el papel,
estar tranzando palabras a la vez
y sin interrupciones de un tiro
o una bomba,
lanzar la propuesta de vida desde mi corazón al mundo,
una propuesta vagabunda,
placentera,
demoniaca,
bohemia,
llena de aves Fenix que son éxtasis en las noches de la juerga
y se vuelven ceniza en la mañana cuando ya no son amantes,
ni personas,
ni animales.
Son un tóxico,
una carne envenenada de placeres,
unos músculos rojos llenos de suavidad
y unos huesos duros
que no se sienten a ellos mismos.
La calavera sonríe
y un labio se extiende para fumar un poste de alegría,
un poco más cerca de la cuarta copa
para ser feliz por completo,
un poco más lejano que la prudencia,
para aprender a ser sincero sin las copas-seda-agrio-aguardiente
y caballero junto a ellas.
Hadas de espuma
Por: Casino 666
Para que las hojas blancas
se tornen de tinta morada,
basta con reconocerlas como amantes de carne diamante
y abrazos de tez foránea.
Para que mis términos de sangre repletos
lleguen a la altura de la presencia
del sol o de la noche,
no hay más camino
que el de poemas leer y haber leído
para que en la mente
el infinito-comos-paciente-
suceda como su misma causa lo requiere.
Por mí,que en poesías mato el día
como viuda negra
y en la noche
caso a Selene,
la que Ruben Dario llamo causa
y la que un griego,
y un francés lleno de opio,
llamaron espejo de una noche e idea de una farsa,
una incomodidad
barata
y un regalo romántico inmatable.
¿Quién quiere leer líneas
sobre la luna no pisada?
¿quién quiere saber cuando
las hadas de espuma bajan,
de sus aposentos,
y me mojan los ojos para decirme
que jamás hubo
tanta locuencia en mi verbo
y peligrosidad en mis dibujos-letrados-violáceos?
..¡Ah! Para que las hojas blancas
se tornen de tinta morada,
basta con reconocerlas como amantes de carne diamante
y abrazos de tez foránea.
¡Todas hadas de espuma blanca
confundidas en la planicie
de su cuerpo
y filtradas con contenido suyo y bello,
otoñal y con hojarasca de tintas sauces
de oda de un ensueño sin cierre
y una dicha sin anhelos pasivos ni concientes.
Para que las hojas blancas
se tornen de tinta morada,
basta con reconocerlas como amantes de carne diamante
y abrazos de tez foránea.
Para que mis términos de sangre repletos
lleguen a la altura de la presencia
del sol o de la noche,
no hay más camino
que el de poemas leer y haber leído
para que en la mente
el infinito-comos-paciente-
suceda como su misma causa lo requiere.
Por mí,que en poesías mato el día
como viuda negra
y en la noche
caso a Selene,
la que Ruben Dario llamo causa
y la que un griego,
y un francés lleno de opio,
llamaron espejo de una noche e idea de una farsa,
una incomodidad
barata
y un regalo romántico inmatable.
¿Quién quiere leer líneas
sobre la luna no pisada?
¿quién quiere saber cuando
las hadas de espuma bajan,
de sus aposentos,
y me mojan los ojos para decirme
que jamás hubo
tanta locuencia en mi verbo
y peligrosidad en mis dibujos-letrados-violáceos?
..¡Ah! Para que las hojas blancas
se tornen de tinta morada,
basta con reconocerlas como amantes de carne diamante
y abrazos de tez foránea.
¡Todas hadas de espuma blanca
confundidas en la planicie
de su cuerpo
y filtradas con contenido suyo y bello,
otoñal y con hojarasca de tintas sauces
de oda de un ensueño sin cierre
y una dicha sin anhelos pasivos ni concientes.
La desventura de la gota
Desde un cielo gris la ciudad
sintió venir la avalancha de agua
fragmentada en trozos que bocas-hombre
llaman gotas;y las calles se le volvieron
un bagazo de pájaros ardientes
y las mujeres andantes a esa hora
se quedaron para siempre
con los ojos blancos viendo un espectáculo
del que no hay conciencia.
Y a esos pedazos de cielo aguado
que nos encomiendan la carta perdida de todo el cosmos,
les llega el momento de muerte justo
cuando se encuentran con el concreto
melancólico en el que amantes
guardan secretos en tormentas de mañana;
y les llega la vida en el tiempo de la sinceridad
de una estrella a una Luna;
en el mismo ir y venir de todo un orden-desorden
perfumado de azar oscuro.
Las gotas son el refrán diario
que hace reír a toda una temperatura del cielo;
y creemos que son llanto,
pero ayer me enteré de que alegría fueron
y ciegas llegan a las pieles
para volver a ser risa.
sintió venir la avalancha de agua
fragmentada en trozos que bocas-hombre
llaman gotas;y las calles se le volvieron
un bagazo de pájaros ardientes
y las mujeres andantes a esa hora
se quedaron para siempre
con los ojos blancos viendo un espectáculo
del que no hay conciencia.
Y a esos pedazos de cielo aguado
que nos encomiendan la carta perdida de todo el cosmos,
les llega el momento de muerte justo
cuando se encuentran con el concreto
melancólico en el que amantes
guardan secretos en tormentas de mañana;
y les llega la vida en el tiempo de la sinceridad
de una estrella a una Luna;
en el mismo ir y venir de todo un orden-desorden
perfumado de azar oscuro.
Las gotas son el refrán diario
que hace reír a toda una temperatura del cielo;
y creemos que son llanto,
pero ayer me enteré de que alegría fueron
y ciegas llegan a las pieles
para volver a ser risa.
Secretos de vaho
Por Andrés Castaño
En la noche cuando en momentos de silencio
se atravezó tu silueta,
sólo fue posible renacer la tranquilidad
y si al caso
valió la pena recoger los pedazos de tu cuerpo
tirados por todo el cuarto que mientras gemías
fueron cayendo al lado del lecho.
En la msima noche, ya con tu sombra encima,
me asegure de tener bien atados los hilos
de la demencia,
y levanté la sábana para buscarte en lo hondo del blanco
y
se levanto la silueta de tu rostro feliz
en el fantasma de seda,
traspasando su propia posibilidad de ser bello
para lograr la perfección subjetiva
que te veo en cada ir y venir
de ti misma frente a todos.
En el alba,que es de la que más me gusta hablar,
me parece que está tu sonrisa,
tan repleta de humor y de mariposas violáceas
que parece un trago de fino vino
de tierras desconocidas
que en copas de plata y oro se daña
y en manos de blanca piel
como las tuyas
parece agua bendita traida del infierno,
tibia y lista para una seducción de parejas descontroladas,
de amores sin fin
y caricias sin comienzo.
En los secretos del vaho de tu calor expulsado en el
movimiento
lento-violento de las carnes me motivé como una causadigna de reconocimiento ebrio.
Me asigne a mí mismo como guardian
de tus espezuras íntimas
y ríos de sangre-placer-tortura.
Hoy,en el día completo del acontecimiento,
ya sabes que detrás de lo que escondes
hay fragmentos de este corazón que no vale la pena bañar en vodka
y
menos en lágrimas de princesa
bárbara como la tuyas
y
las de tantas.
En la noche cuando en momentos de silencio
se atravezó tu silueta,
sólo fue posible renacer la tranquilidad
y si al caso
valió la pena recoger los pedazos de tu cuerpo
tirados por todo el cuarto que mientras gemías
fueron cayendo al lado del lecho.
En la msima noche, ya con tu sombra encima,
me asegure de tener bien atados los hilos
de la demencia,
y levanté la sábana para buscarte en lo hondo del blanco
y
se levanto la silueta de tu rostro feliz
en el fantasma de seda,
traspasando su propia posibilidad de ser bello
para lograr la perfección subjetiva
que te veo en cada ir y venir
de ti misma frente a todos.
En el alba,que es de la que más me gusta hablar,
me parece que está tu sonrisa,
tan repleta de humor y de mariposas violáceas
que parece un trago de fino vino
de tierras desconocidas
que en copas de plata y oro se daña
y en manos de blanca piel
como las tuyas
parece agua bendita traida del infierno,
tibia y lista para una seducción de parejas descontroladas,
de amores sin fin
y caricias sin comienzo.
En los secretos del vaho de tu calor expulsado en el
movimiento
lento-violento de las carnes me motivé como una causadigna de reconocimiento ebrio.
Me asigne a mí mismo como guardian
de tus espezuras íntimas
y ríos de sangre-placer-tortura.
Hoy,en el día completo del acontecimiento,
ya sabes que detrás de lo que escondes
hay fragmentos de este corazón que no vale la pena bañar en vodka
y
menos en lágrimas de princesa
bárbara como la tuyas
y
las de tantas.
Friday, November 03, 2006
Poetas del silencio
Silencio,
le dijo la oda al escucha,
y éste,
por la pluma,
escribio ruídos que valía
la pena asumir con respeto y cordura,
con pasión y botellas rotas de acuerdos y caos.
Silencio,
también dicta un albaque nadie encontró por cita;
la suerte está lanzada en dados
de círculos por los que la sangre fluye
como si los caudales fueran ahí
o como si el oceano fuera el airede
positado en cada término tenso
de la charla en la partida,
en los humos densos que la rodean,
que acaloran este juego de la vida,
con sus reglas de valso y
su cobre de lujo para mostrar,
para perder.
A los poetas que en mi adentro
tocan toda una causa perdida
les doy la gracias por ser locos
y
haber dejado sus palabras para que otros
sean purificados
y
para que tantos hablen mal de la belleza
y la musicalidad incauta de un poema.
Si no te gustan los papeles,
Poeta,
escribe con tus pasos sobre la calle de asfalto
que espera para comerse tus días,
traza frases mientras conquistas el corazón turista de una rubia de vistas grices
o mientras cruzas el muro
y percibes a un hombre que camina sobre el cielo
y que fuma postes de esperanza y desilusiones.
le dijo la oda al escucha,
y éste,
por la pluma,
escribio ruídos que valía
la pena asumir con respeto y cordura,
con pasión y botellas rotas de acuerdos y caos.
Silencio,
también dicta un albaque nadie encontró por cita;
la suerte está lanzada en dados
de círculos por los que la sangre fluye
como si los caudales fueran ahí
o como si el oceano fuera el airede
positado en cada término tenso
de la charla en la partida,
en los humos densos que la rodean,
que acaloran este juego de la vida,
con sus reglas de valso y
su cobre de lujo para mostrar,
para perder.
A los poetas que en mi adentro
tocan toda una causa perdida
les doy la gracias por ser locos
y
haber dejado sus palabras para que otros
sean purificados
y
para que tantos hablen mal de la belleza
y la musicalidad incauta de un poema.
Si no te gustan los papeles,
Poeta,
escribe con tus pasos sobre la calle de asfalto
que espera para comerse tus días,
traza frases mientras conquistas el corazón turista de una rubia de vistas grices
o mientras cruzas el muro
y percibes a un hombre que camina sobre el cielo
y que fuma postes de esperanza y desilusiones.
Thursday, November 02, 2006
La Gran Causa
Por: Lauro
El tono de voz
de la poesía que habla
en los alrededores del jardín ardiente
de mi mente,
tiene un fuerza
y belleza pura que no se esclaviza ante la impresión.
Vive del ensueño
que la realidad hace de mi.
La imaginación subyugada al exterior
y su humo ambientador opresivo y embebedor,
sabe que no logra llevar al imaginador a los limbos verdaderos del cosmos.
¿Debido a su sevicia?
¿Debido a su ignorancia?...Lo único que puedo decir
es que la mente del poeta
llega más allá de los horizontes cobrizoso de los cerros que como guardias
rodean mi ciudad.
Establece su parada inefable no en un lugar del universo
sino en el sitio de la felicidad-estable-profunda.
No soy poeta.
Soy imaginación e imaginado.
Ensueño mi causa y soy Imagen del absurdo en el que habito.
El tono de voz
de la poesía que habla
en los alrededores del jardín ardiente
de mi mente,
tiene un fuerza
y belleza pura que no se esclaviza ante la impresión.
Vive del ensueño
que la realidad hace de mi.
La imaginación subyugada al exterior
y su humo ambientador opresivo y embebedor,
sabe que no logra llevar al imaginador a los limbos verdaderos del cosmos.
¿Debido a su sevicia?
¿Debido a su ignorancia?...Lo único que puedo decir
es que la mente del poeta
llega más allá de los horizontes cobrizoso de los cerros que como guardias
rodean mi ciudad.
Establece su parada inefable no en un lugar del universo
sino en el sitio de la felicidad-estable-profunda.
No soy poeta.
Soy imaginación e imaginado.
Ensueño mi causa y soy Imagen del absurdo en el que habito.
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